La noche en que Rolando Rivas Taxista volvió a subirse a un escenario

- A los 87 años, el querido actor hizo, por una única función «El Rolo y yo», en el Multiteatro.
- Luego de su unipersonal, subieron al escenario sus dos amores de la telenovela de Alberto Migré «Rolando Rivas Taxista»: Soledad Silveyra y Nora Cárpena.
“Hasta pronto”. Así se despidió del escenario Claudio García Satur, quien a los 87 años, y después de mucho tiempo de no estar frente al público, ofreció una única función de El Rolo y yo, este martes 8 de abril, en el Multiteatro.
El saludo final fue para atesorar; tanto para él como para el público. Subieron al escenario Soledad Silveyra y Nora Cárpena, sus dos amores en la recordada telenovela Rolando Rivas Taxista, y sostuvieron a un actor atravesado por un llanto genuino, capaz de expresar lo que no pueden decir las palabras. Abrazos, besos, apretones de manos. Un saludo que ninguno de los tres parecía querer que se termine.
Pero ese fue el final, el “broche de oro” de una noche -y como dijo que creía más en los ángeles que en otra cosa- “angelada”. Claudio García Satur recorrió su vida, desde sus orígenes, en el barrio de Boedo, en el seno de una familia humilde y sencilla, pero a la que no le faltó nada, hasta un presente rodeado de afectos, con algunos problemas de salud, un poco de nostalgia y mucho agradecimiento.
Con notable emoción, apoyado en su bastón, con andar lento, pero seguro, salió a escena y el público lo ovacionó de pie. El aplauso sostenido pareció tomarlo por sopresa. Y hasta incomodarlo un poco, por lo extenso. Así fue que las primeras palabras que dijo fueron: “Vinieron con ganas de joder, parece”. Entonces habló del axioma según el cual el actor siente nervios antes de salir a escena y llega la calma cuando se encuentra frente al público; pero que en este caso esa fórmula no se cumplió.
Nervios y lamentos con humor
«El Rolo y yo» se llamó el espectáculo en el que Claudio García Satur volvió al teatro. Foto Enrique García Medina
Con elegante smoking y habiendo dejado el bastón -ahora su único apoyo es el evidente cariño de la gente-, suelta su verborragia. Hace dos años pasó por una operación muy severa, adelgazó mucho y anduvo en silla de ruedas unos meses. “Lo pasé mal”, asegura. Se señala una pierna y explica que allí tiene una neuropatía. Se señala los ojos y dice que ahí sufre maculopatía. “No veo un carajo”, aclara. Pero sale de los lamentos con humor.
Más adelante dirá que viene de 20 días muy difíciles, con problemas respiratorios. Pero le pone el cuerpo al escenario, persevera en llevar un relato ordenado -aunque a veces se sale y pide ayuda a la platea para retomar-, responde a las intervenciones del público, agradece los aplausos y se alegra cuando descubre entre los espectadores a los artistas que fueron a verlo.
“Nací en el barrio de Boedo, hace 87 años, en Colombres 949, la misma dirección que tenía el Rolo en el programa”, cuenta, nombrando al personaje que interpretó en Rolando Rivas Taxista, que -como el título lo demuestra- fue la excusa de este espectáculo. Será la primera mención a esa telenovela a la que volverá una y otra vez durante la función. El tiempo se detiene ahí cuando repasa esos dos años (1972 y 1973) en los que “se paralizaba medio país” para verla.
El encuentro con el público fue hermoso; tuvo la magia de esos momentos que se saben especiales y que por eso, se disfrutan plenamente. Tanto desde la platea, como desde las tablas. Durante una hora y media, el actor le rindió homenaje a aquel que fue y a lo que llegó a ser. Su infancia y adolescencia transcurrieron entre la pelota, las novias y la poesía.
Ahora, soltero –confesó haber tenido una novia hasta hace 8 años atrás-, tiene ganas de “tener una compañía”, añora la juventud, sigue amando las palabras, recitando poemas, disfrutando de los recuerdos y agradeciendo por tanto: al público, a la familia, a los amigos.Soledad Silveyra y Nora Cárpena rodean a Claudio García Satur, que a los 87 años volvió a subirse a un escenario. Foto Enrique García Medina
Muchacho de barrio
Boedo, barrio arrabalero. El fútbol, los carnavales, los bailes, la joda. Hizo sólo un año de la escuela secundaria. Es que, entre otras cosas, después de algunas discusiones con el profesor de religión, dejó el colegio, para trabajar. A los 14 años, en la DGI. Y luego, por 13 años, en una compañía de seguros. Habló de sus comienzos en el teatro independiente y ahí hizo un alto para justificar ese repaso preciso por los primeros años de su biografía. “Tengo que aburrirlos primero, para después decir algo gracioso”.
Un amor lo trasladó a Nueva York: una novia norteamericana, con la que vivió 7 meses en los EE.UU. Entró a la TV en el ’68 y después de unos cuantos bolos, llegaron los personajes importantes. Ya en el 69, Alberto Migré le había dicho: “Usted va a ser protagonista”. Y en el ’72 le llegó el papel protagónico en Rolando Rivas, primero junto a Soledad Silveyra; luego, con Nora Cárpena.
La televisión le permitió comprarles un departamento a sus padres, a quienes nombra, agradecido, más de una vez. Pero ese largo recorrido comenzó a sus 9 años, cuando subió al escenario de un club de barrio, en una obrita corta que había escrito su papá, Enrique García Satur -de quien tomó el apellido artístico-.
Sus dos hijas, sus tres nietos y algunos primos estuvieron sentados en la platea y Satur los mencionó varias veces. “¿Al final vino toda mi familia acá?”, preguntó cuando desde su butaca uno de sus primos le recordó su apodo de “pirata”, que lo acompaña casi desde su nacimiento, cuando su papá, actor, salió de gira por el país y desde donde se encontraba le mandó una carta a la mamá de Claudio, preguntándole: “¿Cómo está ese pirata?”.Claudio García Satur recordó sus orígenes, sus primeros papeles, sus éxitos y también contó, con humor, sus problemas de salud. Foto: Enrique García Medina
“Están mis tres nietos, que me ven -vale aclarar, actuando- por primera vez”, los menciona. En tiempos de celular, rescata que dos de sus nietos juegan al fútbol. Y el otro es intelectual.
Muchas mujeres para ver a un galán
Entre el público, unas cuantas señoras solas, otras en grupos de mujeres y algunas, en pareja. Con amplia mayoría femenina, los espectadores delatan su edad cada vez que responden con euforia las menciones a la telenovela que consagró a la popularidad a García Satur: Rolando Rivas Taxista.
Unos cuantos famosos también fueron a verlo. Y se emocionaron, como el resto de la platea. Solita Silveyra, Nora Cárpena, Patricia Palmer -que fue pareja de Satur-, Luisa Kuliok, Dorys del Valle, Mauricio Dayub, Pata Echegoyen. Con la presencia de tantas figuras, entre butacas sucedió un espectáculo aparte, antes de que comenzara la función. La llegada de Solita hizo que como un resorte, gran parte del público se pusiera de pie, se acercara a saludarla, le sacara fotos. El siguiente aplauso fue para Cárpena; ambas fueron protagonistas de Rolando Rivas.Soledad Silveyra y Claudio García Satur, en una escena de «Rolando Rivas Taxista».
Anécdotas, curiosidades, recuerdos. Y los apasionados besos con Solita, en la telenovela. Allí la buscó en la platea y le dirigió unas palabras “Me encantó besarte”. No repasó todos sus éxitos, porque, según él mismo dijo, si hablaba de todo, el tiempo no iba a alcanzar. Se detuvo en Rolando Rivas, por quien la mayoría del público fue a verlo anoche. Desde cómo Alberto Migré lo eligió para ese programa, del rechazo de Alejandro Romay de hacerlo en Canal 9, de la oportunidad que le dio Canal 13 y de cómo una idea de Migré lo consagró como actor. “A usted lo va a amar el país”, le auguró alguna vez el prestigioso libretista. Y así fue.
Trece días antes del estreno de Rolando Rivas, falleció el papá de Claudio. “Murió el 23 de febrero de 1972, un día después de mi cumpleaños. Y el 7 de marzo, a las 10 de la noche, salió al aire el programa”, repasa fechas.
El Rolo y yo sucedió en una escenografía “usurpada”. Allí, donde se hacen las funciones de la obra Mamá, Satur hizo su presentación, un poco de pie y otro poco sentado en un sillón. Un momento de una belleza peculiar fue cuando recitó un poema de su padre, a quien quiso rendirle tributo, junto al recuerdo de su madre; y destacó que estuvieron siempre juntos.Agradecido. Claudio García Satur fue ovacionado por una platea en la que se encontraban muchos colegas suyos. Foto Enrique García Medina
“Quiero verlos una vez más”, le dijo Satur hace un tiempo al empresario teatral Carlos Rottemberg; y entonces el productor le respondió que tenía que suceder en la calle Corrientes. “Estoy emocionado. Conmovido. No se me nota, porque tomé una pastilla. Quería verlos una vez más”, dijo García Satur, mirando al público. Y allí estuvo, viéndolos una vez más, conmoviéndose con los aplausos y el afecto de la gente, soltando un “hasta pronto”, seguramente movido por el deseo de seguir estando. “Me siento en inferioridad de condiciones -dice, por sus problemas de salud-, pero quería verlos una vez más”.
El Rolo y yo
Ese es el nombre del espectáculo que, en una única presentación, se vio ayer en el Multiteatro. Claudio García Satur, solo sobre el escenario, conmovió a una platea colmada. Un repaso de su vida personal y profesional. La idea de que la presentación fuera en un teatro de la Avenida Corrientes, fue del productor teatral Carlos Rottemberg.
Algunos datos de Claudio García Satur
Nació el 22 de febrero de 1938. Su popularidad alcanzó a varias generaciones. Primero fue conocido por su papel en Rolando Rivas Taxista, telenovela de la década del ’70. Y para quienes recién estaban naciendo en ese entonces, su fama fue conocida cuando interpretó a Quique, en Son de Diez, a principios de los ’90.
Muchos son los títulos que protagonizó en televisión (Historia de un trepador, por ejemplo), teatro (el último, El conventillo de la paloma) y cine (la película de Rolando Rivas, entre otras).Soledad Silveyra, Claudio García Satur y Nora Cárpena. El actor sostuvo que esta última fue quien «lo descubrió». Foto Enrique García Medina
Soledad Silveyra, Nora Cárpena (“quien me descubrió”), y los recordados Guillermo Bredeston y Alberto Migré son los nombres que más mencionó en el espectáculo, por el cariño que siente por ellos y el agradecimiento eterno por lo fundamentales que fueron en su carrera -que él prefiere llamar camino-.